Le
obsesionaba su sola presencia, saberla que estaba ahí, lo era todo para él
vivía
el día a día únicamente con ese pensamiento en su cabeza:
“Ella
es, ella es, ella es”. Se repetía constantemente.
También
todos los días le repetía las mismas palabras:
“Te
quiero, te quiero, te quiero”.
Otra
nueva obsesión fue desarrollándose dentro dél
pensaba
que ella no le creía, y aunque estuvieren juntos
él
lo pensaba: “No me cree, lo veo en sus ojos, no me cree
no
importa cuánto haga por convencerla, ella no me cree
no
me cree que la quiero”. Y se dijo a sí
mismo:
“Esta
vez sí me creerá, sabrá que por ella yo soy capaz de todo”.
Entonces,
como siempre, la espero y la espero
y
al llegar ella, la tomo por el cuello por detrás
mientras
susurraba a su oído: “Te quiero tanto que podría matarte”.
Y
así lo hizo. Luego se arrodilló, acercóse a sus labios
un
último beso y unas últimas palabras:
“Ahora
sí me crees”.
